Las primeras bibliotecas
rudimentarias son las tablillas de arcilla de Mesopotamia y Egipto, antes
incluso de la antigüedad helénica. Las más antiguas son las de Asiria y
Babilonia del milenio IV a.C., escritas en cuneiforme. La Biblioteca más antigua que se conoce es la de Ebla. En el mundo helenístico aparecen las primeras bibliotecas
conocidas hasta el siglo IV a. de C. Eran colecciones particulares de
escritores y filósofos convertidas en bibliotecas públicas.
En Egipto hubo bibliotecas dependientes
de los templos. Pérgamo desarrolló una biblioteca que rivalizó con la de
Alejandría hasta llegar a dejar Egipto de exportar papiro.
En el mundo romano hubo
importantes bibliófilos. El emperador Augusto fundó las primeras
bibliotecas públicas romanas.
En el mundo cristiano las
primeras bibliotecas aparecen en los monasterios a partir del siglo IV.
Con la creación de las primeras
universidades la cultura laica sufre un ascenso. Con el Renacimiento
y la imprenta las bibliotecas entran en una etapa de esplendor.
En el Siglo XVI empiezan a
aparecer bibliotecas reales, de nobles y particulares o de organizaciones que
posteriormente se convertirán en nacionales.
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